Fin de Año: Del exceso al vacío

Fin de Año: Del exceso al vacío

Claudia Sasmay

Cómo cerrar el año sin huir de uno mismo y despertar la Energía Crística interior

El fin de año llega casi siempre acompañado de luces, balances, fiestas, cansancio y también de excesos. Comemos más, gastamos más, bebemos más, dormimos menos. Buscamos afuera lo que muchas veces no logramos sostener dentro: calma, amor, sentido, valor, pertenencia. Los excesos no son casuales; son intentos desesperados del alma por anestesiar silencios, duelos y preguntas que no hemos sabido responder.

Detrás de cada compulsión hay una emoción no escuchada. Detrás de cada exceso, un vacío no reconocido, un sufrimiento que no queremos sentir. Y detrás de cada dolor, un niño interior que aún espera permiso para existir en plenitud.

Las preguntas que incomodan y también despiertan

Cerrar un año no es solo cambiar de calendario. Es mirarnos con honestidad:

  • ¿Qué deseé y no logré?
  • ¿Qué me lo impidió realmente?
  • ¿Qué quiero ahora, en cada área de mi vida?
  • ¿Desde dónde estoy deseando: ¿desde el adulto o desde la herida?

Muchas veces creemos que no conseguimos lo que queremos por culpa de otros, de la mala suerte, de la situación del país o del mundo. Pero la verdad más desafiante es esta: nuestra realidad está en coherencia con nuestros programas inconscientes.

Cuando ponemos el problema afuera, entramos en la posición de víctima. Y la víctima no puede resolver. Y lo peor es que en ese estado perdemos nuestra capacidad de creación.

El fin de año también activa duelos: lo que no fue, lo que perdimos, lo que ya no volverá, las personas que faltan, las versiones de nosotros mismos que ya no somos.

Muchos duelos no se lloran, se comen. Se gastan compulsivamente. Se llenan con trabajo, redes sociales, relaciones, compras, comida, alcohol. Pero ningún exceso logra tapar un duelo que pide ser visto. Solo lo posterga.

Cuando no elaboramos el duelo, entramos en la neurosis del merecimiento: creemos que solo podemos recibir si sufrimos, si nos sacrificamos, si “nos lo ganamos” con dolor. Y así, sin darnos cuenta, bloqueamos el placer, la abundancia, el descanso y la paz.

La Energía Crística: el permiso para vivir desde el amor y no desde la culpa

En este tránsito entre duelo, exceso, miedo y consciencia, despierta una verdad mayor: la Energía Crística que no es religiosa, es una frecuencia de conciencia que habita en todo ser humano. Es nuestra parte espiritual conectada a la fuente divina creadora, es la energía del amor adulto, de la responsabilidad sin culpa, del merecimiento sin sacrificio, de la abundancia sin castigo.

No necesitamos el amor, porque ya somos amor. Fuimos hechos desde la partícula de Dios, desde la Energía Crística y que está en cada uno de nosotros. Este Cristo interno es el adulto consciente que da permiso a la vida a través de sí mismo. Es el “sí” a la autonomía, al placer, a la expansión sin traición al alma.

Te invito a que este cierre de año y de este ciclo de 9 años, puedas aceptar lo que debe morir y alumbrar lo que está listo para renacer en este nuevo ciclo. Y que puedas pasar en plena consciencia desde el niño herido al adulto consciente y creador y darte el permiso de atraer y crear sin culpas, sin miedo a ser herido, sin lealtades que te impidan ser tú mismo, sin esperar nada del mundo externo.

Entramos al adulto cuando decidimos hacernos cargo de nuestra vida emocional, económica, vincular y espiritual.

Cuando reconectas con tu Energía Crística, la vida deja de ser una lucha y se transforma en un fluir responsable, amoroso y abundante. Y desde ahí, los excesos ya no son refugio, los duelos encuentran su cauce, y la abundancia deja de ser una promesa para convertirse en una experiencia.

Regresar al blog

La sanación es un acto de amor propio

Sanar no es un acto de debilidad, sino de profunda valentía. Es elegir amarte a ti mismo lo suficiente como para dejar ir lo que te limita y abrazar lo que te permite crecer.