Adicciones y excesos de fin de año: el origen emocional que nadie te cuenta

Claudia Sasmay

Adicciones y excesos de fin de año: el origen emocional que nadie te cuenta

Diciembre y marzo tienen algo en común que pocas veces nombramos: en marzo cargamos todo lo que queremos que sea el año, y en diciembre cargamos todo lo que no fue. Las metas que se repiten sin cumplirse, la sensación de que el tiempo se acabó, la presión de cerrar ciclos que no cerraron solos. Y en ese contexto aparecen los excesos: compras que no necesitamos, comida que no es hambre, alcohol que no es celebración, pantallas que no son descanso.

Tuve el privilegio de conversar sobre este tema en el programa Chile Sustentable de Radio Agricultura, y quiero contarte aquí los puntos que más importan para entender qué hay realmente detrás de las adicciones y compulsiones — especialmente en esta época del año.

El vacío que intentamos llenar

Cuando nacemos somos un ser completo, conectado con el cuerpo, con la esencia, con esa parte amorosa que todos los seres humanos traemos. A medida que crecemos, el trauma — las experiencias que no pudieron ser contenidas — va haciendo que nos desconectemos de esa esencia. Y desde ahí aparece una sensación de vacío que vamos a querer llenar con algo.

No esperemos que trauma signifique únicamente abuso o violencia grave. Como bien explica Gabor Maté, el trauma no es lo que te pasó: es lo que quedó en ti a partir de lo que viviste sin contención. Tus papás discutiendo cuando eras niño y nadie explicándote que no se iban a separar. Mamá que volvió al trabajo y tú te quedaste sin entender por qué. Una nota mala en el colegio que enfrentaste solo. Cada una de esas experiencias, si no tuvo a nadie que la contuviera, dejó una huella. Y esa huella es la que después buscamos calmar con lo que podamos encontrar.

La adicción es una solución, no el problema

Esto es lo primero que le digo a cada persona que llega a mi consulta por adicciones: no es tu culpa. Y muchos se ponen a llorar en ese momento, porque llevan toda la vida siendo estigmatizados — por su familia, por la sociedad, por ellos mismos.

La adicción es una solución. El problema es otro. El problema es el conflicto emocional que quedó sin resolver, la desconexión del ser amoroso que somos, el vacío que nadie ayudó a llenar de manera sana. La sustancia o el comportamiento adictivo es el intento — torpe, doloroso, costoso — de volver a sentir algo. De activar el factor recompensa en el cerebro, de generar la dopamina que nos hace sentir bien aunque dure muy poco.

Y ahí está el problema de la dopamina: dura muy poco en la sangre. Entonces quiero más. Un trozo de chocolate llama al siguiente, un like en redes sociales pide otro, una compra necesita la próxima. La dopamina es placer inmediato y fugaz. Muy distinta a la endorfina que se genera cuando abrazo a alguien que amo, cuando hago deporte, cuando me conecto de verdad con otra persona — esa dura mucho más tiempo y no pide ser repetida compulsivamente.

Compulsión y adicción: misma raíz, distinto mecanismo

Las compulsiones son actos repetitivos — comprar en exceso, limpiar sin parar, revisar el teléfono cada dos minutos — que buscan alivio momentáneo a través de la acción. Las adicciones implican dependencia de una sustancia o estímulo específico. Pero en ambos casos el origen es el mismo: algo en el inconsciente busca llenar una necesidad real que no está siendo satisfecha de manera sana.

El consumismo que se dispara en diciembre es exactamente esto. La necesidad de comprar, de acumular objetos que no necesitamos, no es capricho ni mala administración del dinero. Es el intento de calmar una frustración acumulada, de sentir que tengo algo, de existir a través de lo que poseo. La necesidad es real y legítima. Lo que no funciona es cómo intentamos satisfacerla.

Los niños de hoy y las adicciones del mañana

Hay algo que me preocupa profundamente cuando miro las cifras de salud mental en Chile — somos el cuarto país con mayor tasa de suicidio en América Latina — y cuando veo lo que está pasando en los colegios. Los niños adictos hoy a los videojuegos y las pantallas van a ser los adultos que mañana van a necesitar otra sustancia para regular lo que no aprendieron a regular de otro modo.

Dos años de pandemia desconectados, niños que no saben comunicarse si no es con un emoticón, que crecieron sin habilidades sociales porque nadie las desarrolló con ellos. Y a todo esto súmale la epigenética: desde la ciencia de Bruce Lipton y Rachel Yehuda sabemos que los traumas no resueltos se heredan. Los hijos de padres traumatizados nacen con esa carga en su expresión genética. Por eso siempre digo que la mejor herencia que le puedes dejar a tus hijos es haberte sanado tú. Vuélvete un buen ancestro.

Lo dulce, lo salado y lo que buscamos en la comida

Cuando trabajo adicciones siempre pregunto: ¿a qué eres adicto? Y si es comida, pregunto qué comes. Porque desde la Biodescodificación, lo dulce está conectado simbólicamente con la madre — el primer dulce que recibimos es la leche materna — y lo salado está más vinculado a la figura paterna. No es una regla rígida, es una pista para ir a buscar el conflicto de origen.

Lo mismo con el alcohol: los destilados tienden a subir el ánimo, por eso son más frecuentes en personas con tendencia a la depresión. El vino es más vagotónico, relaja, baja. La sustancia no es aleatoria. El inconsciente siempre elige lo que necesita para regular lo que no puede regular de otro modo. Y la adicción al trabajo — que en Chile está completamente normalizada y hasta celebrada — responde generalmente a una desvalorización intelectual, a la necesidad de demostrar que valgo a través de lo que produzco.

Cada caso es un universo. Cada adicción cuenta una historia. Y esa historia, cuando se escucha con las herramientas adecuadas, puede transformarse.

Si sientes que tus patrones se repiten y quieres entenderlos desde su origen, te invito a comenzar con una sesión individual. También puedes explorar el Método N.E.S.® para entender el enfoque desde el que trabajo estos procesos.

Nadie elige una adicción. Todos eligen sobrevivir como pueden. Y siempre, siempre se puede sanar.

— Claudia Sasmay

Preguntas frecuentes

¿La adicción es culpa de quien la padece?

No. La adicción no es un defecto de carácter ni una debilidad de voluntad. Es una solución que el sistema nervioso encontró para calmar un sufrimiento que no pudo ser contenido, generalmente en la infancia. El problema no es la adicción: es el conflicto emocional no resuelto que la sostiene. Desde el Método N.E.S.® el trabajo terapéutico va siempre a la raíz de ese conflicto.

¿Por qué los excesos se intensifican en diciembre?

Diciembre activa simultáneamente la frustración por metas no cumplidas, la presión social del consumo y las memorias emocionales de fin de ciclo. Todo lo que se arrastró sin resolver durante el año se concentra en pocas semanas, y el sistema busca alivio en los recursos conocidos: comida, alcohol, compras, pantallas. El exceso no es el problema; es la señal de que hay algo que necesita ser visto y sanado.

¿Qué diferencia hay entre una compulsión y una adicción?

La compulsión es un acto repetitivo — comprar, limpiar, revisar el teléfono — que genera alivio momentáneo. La adicción implica dependencia de una sustancia o comportamiento específico. Ambas buscan lo mismo: activar el factor recompensa del cerebro para calmar un vacío emocional. La diferencia está en el mecanismo, no en el origen: en los dos casos hay un conflicto de fondo que no ha sido resuelto.

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