Por qué el terapeuta también necesita terapia para acompañarte de verdad
Claudia SasmayCompartir
Un terapeuta que no ha hecho su propio proceso personal no puede acompañarte desde la oportunidad de sanar. Puede tener todos los conocimientos del mundo sobre heridas de infancia, trauma o Biodescodificación, y aun así guiarte desde sus propios puntos ciegos. Esto no es una crítica, es una observación que viene de años de trabajo, de formación y, sobre todo, de haberme sentado yo misma en el lugar del consultante.
Hay algo que me pregunto cada vez que alguien llega a mi consulta con el peso de años encima. Me pregunto qué tan sola o solo estuvo esa persona en sus dolores más tempranos. Cuántas veces creyó que lo que sentía era demasiado, o que simplemente no tenía espacio en la vida de los adultos que la rodeaban. Y me pregunto también qué tipo de acompañamiento recibió, si es que recibió alguno.
Porque la terapia, bien entendida, no es una técnica. Es una presencia. Y esa presencia se construye desde adentro.
Las terapias nacen de la observación honesta del ser humano
Toda terapia, en su origen, surge de alguien que miró con atención el sufrimiento humano y decidió no apartar la vista. Alguien que observó el dolor, las heridas, y también, con igual honestidad, la capacidad de las personas para sostenerse, para reorganizarse, para seguir viviendo incluso cuando todo duele.
Desde la Biodescodificación entiendo que el síntoma, ya sea físico o emocional, es la expresión visible de un conflicto que el organismo no ha podido resolver. Un lenguaje que el cuerpo habla cuando las palabras no alcanzaron, cuando la emoción no tuvo dónde ir. Y muchas de esas emociones sin resolver vienen de la infancia: de momentos en que fuimos demasiado pequeños para comprender lo que ocurría, y demasiado dependientes para protegernos solos.
Las heridas de la infancia no son caprichos del recuerdo. Son registros biológicos, emocionales y relacionales que el sistema nervioso almacena como estrategias de supervivencia. El problema es que esas estrategias, que alguna vez tuvieron sentido, siguen activándose décadas después, en contextos donde ya no son necesarias.
Ahí es donde entra el proceso terapéutico. No para borrar lo que fue, sino para que lo que fue deje de gobernar lo que es.
¿Qué significa que el terapeuta haya hecho su propio trabajo interior?
Esta es una pregunta que pocas veces se hace en voz alta, y creo que merece una respuesta honesta.
Un terapeuta que no ha revisado sus propias heridas puede, sin darse cuenta, incomodarse ante ciertos temas. Puede acelerar el proceso de un consultante porque la lentitud le genera ansiedad. Puede evitar profundizar en ciertos conflictos porque le rozan los suyos. Puede, incluso, proyectar soluciones que funcionaron para él y que no tienen nada que ver con lo que la otra persona necesita.
No lo hace con mala intención. Lo hace porque sus propias heridas de infancia siguen activas, y esas heridas tienen una forma muy particular de aparecer justo cuando uno está frente a alguien que las espeja.
Por eso, en mi formación y en la manera en que concibo esta práctica, el proceso personal del terapeuta no es un complemento. Es el fundamento. Uno no puede acompañar a otro a un lugar donde uno mismo no ha estado dispuesto a ir.
El Método N.E.S.® y el proceso de quien acompaña
Cuando desarrollé el Método N.E.S.® —Neuroemocional, Energético, Sistémico— una de las premisas centrales fue precisamente esta: la herramienta más sofisticada de un terapeuta es su propio mundo interior trabajado. No el diploma en la pared, no los libros leídos, no los seminarios acumulados.
Lo que permite que un acompañamiento terapéutico sea genuino es que quien acompaña haya podido sentarse con su propio miedo, con su propia desvalorización, con su propio duelo, y no haya huido. Que haya aprendido a distinguir lo que le pertenece a él de lo que le pertenece al consultante. Que haya revisado su árbol genealógico, sus lealtades invisibles, los mandatos que heredó y que tal vez durante años confundió con su propia identidad.
En mi trabajo con Terapia Transgeneracional he visto cómo los patrones no resueltos de un terapeuta pueden filtrarse de formas muy sutiles en el espacio terapéutico. Una cierta rigidez ante el llanto. Una tendencia a dar respuestas rápidas cuando el silencio sería más sanador. Un alivio visible cuando el consultante "mejora" antes de lo esperado. Todo eso habla, aunque nadie lo nombre.
Hacer el propio proceso no significa llegar a un estado de perfección o de resolución total. Significa tener una relación honesta con uno mismo. Saber qué temas todavía remueven, qué heridas todavía sangran un poco, y tener la humildad de no pararse frente a otro como si eso no existiera.
El camino de integración: sanar para acompañar, acompañar para seguir sanando
Hay algo circular en este proceso que encuentro profundamente honesto. Quien se forma para acompañar a otros descubre, en esa misma formación, capas de sí mismo que no sabía que existían. Y quien trabaja sus propias heridas de infancia en un proceso personal descubre, muchas veces, una vocación de cuidado que antes no podía expresar porque estaba ocupada en sobrevivir.
La sanación no es un punto de llegada. Es una relación continua con uno mismo, cada vez más consciente y más compasiva. Y esa relación se profundiza precisamente cuando se está en contacto con el dolor ajeno, porque el dolor ajeno siempre, de alguna manera, nos devuelve al nuestro.
Lo que cambia con el trabajo interior no es que ya no duele. Lo que cambia es que el dolor deja de tener el mando. Deja de ser el que decide cómo se actúa, qué se evita, a quién se teme. Y eso, tanto en quien consulta como en quien acompaña, es lo que hace posible un encuentro real.
Porque la terapia, en el fondo, es eso: un encuentro entre dos personas que están dispuestas a mirar con honestidad. Una que trae su historia. Otra que, habiendo mirado la suya, tiene algo genuino que ofrecer.
Si en este momento estás buscando ese tipo de acompañamiento, uno que no te dé respuestas hechas sino que te ayude a encontrar las tuyas, puedes agendar una sesión y ver si lo que hago resuena contigo. No todos los procesos son para todos los terapeutas, y eso también es parte del camino.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante que un terapeuta haga su propio proceso personal?
Porque un terapeuta que no ha trabajado sus propias heridas tiende a proyectar, a temer ciertos temas o a guiar desde sus puntos ciegos. Solo quien ha transitado su propio dolor puede acompañar a otro desde un lugar de genuina oportunidad y claridad, sin contaminarlo con sus conflictos no resueltos.
¿Qué tiene que ver sanar heridas de infancia con el proceso del terapeuta?
Las heridas de infancia son el núcleo de la mayoría de los conflictos emocionales que una persona lleva a terapia. Si el terapeuta no ha revisado las suyas, puede reaccionar con incomodidad, minimizar el dolor del consultante o, peor aún, reforzar patrones que él mismo no ha resuelto.
¿Qué es la Biodescodificación y cómo aborda el proceso del terapeuta?
La Biodescodificación es un enfoque terapéutico que vincula los síntomas físicos y emocionales con conflictos biológicos no resueltos, muchas veces originados en la infancia o transmitidos por el árbol genealógico. Para quienes ejercen esta disciplina, el proceso personal no es opcional: es el fundamento de toda la práctica.
¿Cómo se trabajan las heridas de infancia desde el Método N.E.S.®?
El Método N.E.S.® (Neuroemocional, Energético, Sistémico) trabaja identificando el conflicto emocional original que dio lugar a la herida, integrando la emoción en el cuerpo y reubicando al consultante dentro de su sistema familiar. El objetivo no es borrar el pasado, sino liberar la carga que ese pasado sigue ejerciendo en el presente.
¿Un terapeuta puede acompañarme si aún está en su propio proceso?
Sí, siempre que tenga consciencia de ello y supervisión. Nadie termina de sanar del todo, y eso no invalida la práctica. Lo que invalida es la falta de honestidad con uno mismo: creer que ya no hay nada que trabajar es precisamente lo más peligroso en un rol de acompañamiento.
¿Cómo sé si el terapeuta que me acompaña ha hecho su propio trabajo interior?
Se nota en la calidad de su presencia: no se perturba ante tu dolor, no necesita que mejores rápido, no te da respuestas hechas. Hay una serenidad que solo se construye desde adentro, no desde los títulos ni los años de ejercicio. Observa cómo te hace sentir después de cada sesión, no durante.
Psico Bio Terapeuta formada en la Escuela Original Francesa de Biodescodificación de Christian Fleche. Creadora del Método N.E.S.® (Neuroemocional, Energético, Sistémico). Especialista en Terapia Transgeneracional y sanación emocional. Autora de "Lo incurable se sana desde adentro".