Dejar de culpar a tus padres es el primer acto de amor hacia ti

Claudia Sasmay

Sanar las heridas de la infancia no significa reescribir lo que viviste ni convencerte de que todo estuvo bien. Significa dejar de que aquello que faltó siga gobernando tu vida hoy. Desde la Biodescodificación, entiendo que el primer movimiento real de sanación ocurre cuando dejas de mirar hacia atrás buscando culpables y empiezas a mirar hacia adentro buscando recursos.

Sé que esto puede doler al leerlo. Porque hay historias de infancia que son muy pesadas. Hay ausencias que marcaron, palabras que cortaron, silencios que confundieron. Y una parte de ti necesita que alguien reconozca que eso no estuvo bien, que no fue justo, que merecías más. Eso es completamente válido. No voy a pedirte que minimices lo que viviste.

Pero hay una diferencia entre reconocer el dolor y quedarse atrapado en él. Y esa diferencia, con el tiempo, se convierte en la distancia entre una persona que vive en función de su herida y una persona que vive en función de su potencial.

¿Por qué seguimos culpando a nuestros padres aunque queramos soltar?

La culpa hacia los padres es, en el fondo, una forma disfrazada de seguir conectados a ellos. Suena paradójico, lo sé. Pero cuando culpamos a alguien de nuestra historia, le otorgamos el poder de definir quiénes somos. Y eso, aunque duele, también da una cierta comodidad: si el problema viene de afuera, no tengo que hacer el trabajo de transformarlo desde adentro.

Lo que he visto en muchos años de consulta es que la culpa hacia los padres suele esconder una necesidad de reparación. Queremos que ellos reconozcan el daño, que pidan perdón, que vuelvan atrás y sean distintos. Y cuando eso no llega, seguimos esperando. Seguimos con la vida en pausa.

Desde la Biodescodificación, esto tiene una lectura muy precisa: el inconsciente no distingue entre el pasado y el presente. Si tu sistema nervioso todavía reacciona como si tuvieras ocho años cada vez que alguien no te reconoce o te abandona, es porque hay un archivo emocional que no se cerró. No es debilidad. Es biología al servicio de una historia incompleta.

Y esa historia incompleta, si no se trabaja, se convierte en programa. Se convierte en el tipo de personas que eliges, en cómo reaccionas cuando te critican, en lo que crees merecer. Se convierte, incluso, en síntoma físico.

Tus padres hicieron lo que pudieron con lo que tenían

Esto no es una frase de autoayuda. Es una realidad que se vuelve visible cuando haces el trabajo transgeneracional en profundidad.

Cuando miro el árbol genealógico de una persona en mi trabajo con Terapia Transgeneracional, lo que aparece es siempre lo mismo: cada generación transmite lo que recibió. A veces transmite amor. A veces transmite miedo disfrazado de exigencia. A veces transmite ausencia porque nunca le enseñaron a estar presente. Y así, lo que tú viviste como abandono quizás fue lo único que tu padre o madre conoció como forma de relacionarse, porque así los criaron a ellos.

Esto no los absuelve. Pero sí los humaniza. Y humanizarlos es el primer paso para dejar de verlos como los villanos de tu historia y empezar a verlos como lo que son: personas con sus propias heridas sin sanar, que hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían.

El dolor que sientes no desaparece con esta comprensión. Pero cambia de naturaleza. Deja de ser una acusación y se convierte en información. Y la información se puede trabajar.

¿Cómo el Método N.E.S.® trabaja las heridas de infancia desde la raíz?

El Método N.E.S.® (Neuroemocional, Energético, Sistémico) que desarrollo en mi práctica integra la Biodescodificación con la mirada transgeneracional y el trabajo corporal, precisamente porque las heridas de infancia no viven solo en los recuerdos. Viven en el cuerpo, en las reacciones automáticas, en las lealtades invisibles al linaje.

Cuando trabajo con alguien que carga una herida de abandono, por ejemplo, no me quedo en el relato de lo que vivió a los cinco años. Busco el conflicto biológico que esa experiencia activó, identifico si hay una memoria similar en generaciones anteriores y acompaño a la persona a resignificar ese archivo emocional desde el adulto que es hoy, con recursos que el niño de entonces no tenía.

La sanación no consiste en borrar lo que pasó. Consiste en actualizar la respuesta que tu sistema tiene ante eso que pasó. Cuando el inconsciente deja de percibir una vieja herida como una amenaza activa, el cuerpo y la conducta cambian. No de golpe, no de forma mágica. Pero cambian.

La sanación es muy poco atractiva en el proceso. Hay momentos de incomodidad real, de verse a uno mismo con honestidad, de soltar narrativas que, aunque dolorosas, también eran cómodas. Pero lo que aparece del otro lado tiene un peso completamente distinto.

Darte lo que no recibiste: eso sí está en tus manos

Hay algo que repito mucho en mis sesiones y que hoy quiero dejarte aquí: todo lo que no te dieron, desde el adulto que eres, te lo puedes dar a ti mismo.

¿No te dieron reconocimiento? Puedes aprender a reconocerte. ¿No te dieron contención? Puedes aprender a contenerte y a elegir personas que sí sepan dártela. ¿No te dieron libertad para equivocarte? Puedes construir hoy una relación contigo en la que el error no sea una condena sino una información.

Esto no es positivismo vacío. Es una decisión que requiere trabajo. Requiere que el adulto que eres hoy tome responsabilidad de su mundo interior, no porque lo que viviste sea tu culpa, sino porque tu vida presente sí es tu responsabilidad.

Esa distinción importa mucho. Culpa y responsabilidad no son lo mismo. La culpa paraliza y mira al pasado. La responsabilidad activa y mira al presente. Cuando transitas de una a otra, algo se mueve en el sistema. Lo he visto muchas veces.

El acto más profundo de amor propio que puedes hacer

Dejar de culpar a tus padres no es un gesto hacia ellos. Es un gesto hacia ti. Es decirte a ti mismo: "Ya no voy a esperar que alguien de afuera repare lo que yo puedo sanar desde adentro."

Ese movimiento no ocurre de un día para otro. No es una decisión intelectual que tomas una mañana y lista. Es un proceso que tiene capas, que tiene recaídas, que tiene momentos en que la rabia vuelve y eso también está bien. La rabia es parte del duelo. Lo que no puede ser es que la rabia sea el lugar donde vives para siempre.

Desde la Biodescodificación entiendo que mientras una emoción no se integra, se repite. No en la misma forma, pero sí en la misma frecuencia. Y esa repetición, en algún punto, deja de ser del pasado y se convierte en tu presente: en tus relaciones, en tu cuerpo, en tus decisiones.

Sanar tu historia no es borrarte el origen. Es soltar el peso que ese origen dejó y que ya no necesitas cargar. Es elegir que las huellas que tú dejes, en las personas que te rodean y en las generaciones que vendrán, sean distintas.

Eso es posible. Lo he visto, y lo sigo viendo cada semana en consulta.

Si en algún momento sientes que quieres acompañamiento para hacer este trabajo de forma más profunda y sostenida, puedes agendar una sesión y conversamos desde donde estás tú hoy, no desde donde deberías estar.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la Biodescodificación dice que no hay padres malos?

Desde la Biodescodificación, cada persona actúa desde los recursos emocionales que tiene disponibles, que a su vez fueron moldeados por su propia historia y la de sus ancestros. Eso no justifica el daño, pero sí lo explica: nadie da lo que no tiene.

¿Dejar de culpar a mis padres significa que lo que me hicieron estuvo bien?

No. Soltar la culpa no es validar el daño. Es reconocer que seguir cargando esa acusación interna te mantiene atado a un dolor que ya ocurrió, impidiéndote vivir desde el adulto que eres hoy.

¿Qué son las heridas de infancia y cómo afectan la vida adulta?

Son registros emocionales grabados en el inconsciente durante los primeros años de vida, especialmente en momentos de carencia, abandono, rechazo o humillación. En la adultez se expresan como patrones repetitivos en relaciones, trabajo, salud o autoestima.

¿Cómo puedo darme a mí mismo lo que mis padres no me dieron?

Requiere primero identificar qué necesidad quedó sin cubrir, sin culpa ni drama. Desde ese lugar, el adulto puede aprender a darse contención, límites, reconocimiento o amor propio de formas concretas y cotidianas, con o sin acompañamiento terapéutico.

¿Qué es el Método N.E.S.® y cómo trabaja las heridas de infancia?

El Método N.E.S.® (Neuroemocional, Energético, Sistémico) integra Biodescodificación, Terapia Transgeneracional y trabajo corporal para identificar el conflicto emocional original detrás de una herida y acompañar su integración desde la raíz.

¿Cuánto tiempo toma sanar las heridas de la infancia?

No hay un tiempo universal. Lo que sí es cierto es que la consciencia acelera el proceso. Tomar responsabilidad de la propia historia, sin victimizarse ni culpar, es lo que marca la diferencia entre repetir el patrón y transformarlo.

Psico Bio Terapeuta formada en la Escuela Original Francesa de Biodescodificación de Christian Fleche. Creadora del Método N.E.S.® (Neuroemocional, Energético, Sistémico). Especialista en Terapia Transgeneracional y sanación emocional. Autora de "Lo incurable se sana desde adentro".

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¿Y si tu síntoma tuviera un origen?

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