Amar a quien te hirió: cómo sanar el vínculo con los difíciles de tu familia
Claudia SasmayCompartir
Hay personas en nuestra vida que amamos con todo el corazón y que, al mismo tiempo, nos han causado un dolor que todavía duele cuando lo tocamos. No son extraños. Son nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros abuelos. Las personas que debían protegernos y que, en cambio, se convirtieron en nuestra primera herida.
Sé que es duro nombrarlo así. Y sé que, a veces, esa mezcla de amor y dolor se siente tan contradictoria que preferimos no mirarla. Pero quedarse sin mirarla tiene un precio. Y ese precio lo paga el cuerpo, lo paga la autoestima, lo pagan las relaciones que construimos después.
La pregunta que más escucho en consulta es esta: ¿Cómo puedo amar a alguien que me hizo tanto daño? Hoy quiero responderte desde el lugar más honesto que conozco.
Cuando el niño aprende a no amarse a sí mismo
El niño no cuestiona el amor. Para un niño pequeño, la persona que lo cuida es, por definición, buena. Porque si no lo fuera, él estaría en peligro. Y el sistema nervioso no puede sostener ese terror, especialmente cuando no hay escapatoria posible.
Entonces ocurre algo muy silencioso y muy devastador: el niño aprende que debe amar, haya hecho lo que haya hecho esa persona. Y cuando es herido, no deja de amar al otro. Deja de amarse a sí mismo. Porque asumir que el adulto falló es demasiado amenazante. Es más tolerable creer que el problema es uno mismo.
Eso que parece una estrategia de supervivencia de la infancia se convierte, con el tiempo, en el guion que repetimos en todas nuestras relaciones. Nos exigimos demasiado. Toleramos lo que no deberíamos. Dudamos de nuestro propio valor. Y muchas veces no sabemos por qué.
Desde la Biodescodificación entiendo que estos patrones no son debilidades de carácter. Son respuestas biológicas, emocionales y relacionales que se instalaron para sobrevivir. Y que ahora, desde la consciencia, pueden transformarse.
¿Qué hace la terapia transgeneracional con los perpetradores del sistema familiar?
Esta es la parte que más incomoda y que más libera al mismo tiempo.
En mi trabajo con terapia transgeneracional y Biodescodificación, veo una y otra vez que los vínculos familiares no se entienden solo desde la historia individual. Hay algo más grande operando: el sistema familiar, el clan, el linaje.
Los ancestros violentos, los alcohólicos, los abusadores, los que traicionaron, los que mintieron, los que estafaron, todos ellos ocupan un lugar en ese sistema. Un lugar que, desde afuera, puede parecer solo destrucción. Pero que, desde la mirada sistémica, también cumple una función: están al servicio de una transformación que muchas veces no llegaron a completar ellos mismos, pero que alguien en el linaje sí puede completar. Y ese alguien puedes ser tú.
Eso no significa justificar lo que hicieron. Sus actos tienen consecuencias reales y tienen una responsabilidad que les pertenece. Pero mirarlos solo como monstruos nos mantiene atrapados en su historia. Verlos también como personas que cargaron con su propio dolor no los absuelve. Nos libera a nosotros.
¿Qué ocurre cuando miro al perpetrador desde su propio dolor?
Ocurre algo que ninguna lógica puede anticipar pero que el cuerpo reconoce de inmediato: algo se afloja. Una tensión que llevabas años sosteniendo, muchas veces sin saber que estaba ahí, empieza a ceder.
Porque detrás de cada victimario, siempre hay una víctima. No como excusa. Como realidad sistémica. Y cuando puedo reconocer eso, cuando puedo decir internamente tú también sufriste y yo elijo no seguir cargando tu dolor como si fuera mío, el vínculo cambia. No desaparece. Cambia de naturaleza.
El camino hacia el amor propio: incluir sin fundirse
La sanación no pasa por borrar a esas personas de tu historia. Tampoco pasa por obligarte a sentir algo que todavía no sientes. La sanación pasa por encontrar un lugar interno desde el cual puedas incluirlos sin que eso te destruya.
El amor que está disponible en cada sistema familiar necesita tener espacio para todos: para la víctima y para el perpetrador. No porque sea justo, sino porque excluir a alguien del sistema tiene un costo. Ese costo suele pagarlo quien menos tiene la culpa: los hijos, los nietos, los que vienen después.
Esto es lo que trabajo en sesión y en los retiros de sanación. No te pido que perdones a la fuerza ni que finjas que no pasó nada. Te acompaño a encontrar el momento en que puedas decir: fueron los perfectos para mi evolución. Aprendí lo que ninguna otra escuela me hubiera enseñado. Y ahora elijo soltar el dolor que no me pertenece.
La sanación es muy poco atractiva en su proceso. Pero lo que queda al otro lado, el amor propio recuperado, la ligereza en el cuerpo, los patrones que dejan de repetirse, eso sí vale cada paso del camino.
Señales de que llevas lealtades invisibles hacia figuras de dolor en tu familia
- Te cuesta mucho poner límites, especialmente con tu familia de origen.
- Repites en tus relaciones adultas dinámicas similares a las que viviste en la infancia.
- Sientes culpa cuando priorizas tu bienestar.
- Defiendes o justificas a personas que te han hecho daño, incluso cuando no quieres hacerlo.
- Tienes síntomas físicos o emocionales que no encuentran explicación clara.
- Te cuesta recibir amor sin sentir que debes ganártelo.
Preguntas frecuentes
¿Es posible amar a alguien que me hizo daño sin perder mi amor propio?
Sí, y esa es exactamente la dirección de este trabajo. Amar desde un lugar consciente no significa tolerar el maltrato ni negar el dolor. Significa reconocer el vínculo que existe sin que ese vínculo defina tu valor. Desde la terapia transgeneracional y la Biodescodificación, acompaño ese proceso paso a paso, sin forzar ninguna emoción que no esté lista para aparecer.
¿Qué es la terapia transgeneracional y cómo se relaciona con las heridas de infancia?
La terapia transgeneracional es un enfoque terapéutico que trabaja con los patrones emocionales, los traumas y las lealtades que se transmiten de generación en generación dentro de un sistema familiar. Las heridas de infancia muchas veces no son solo el resultado de lo que viví yo, sino de lo que vivieron mis padres, mis abuelos, mis ancestros, y que llegó a mí sin un nombre claro. Identificar esos patrones es el primer paso para no seguir transmitiéndolos.
¿Cómo trabaja la Biodescodificación los conflictos con figuras de dolor del sistema familiar?
Desde la Biodescodificación, cada síntoma emocional o físico tiene una lógica biológica y relacional. Los conflictos no resueltos con figuras significativas del sistema familiar generan tensiones que el cuerpo y la psique sostienen de formas muy concretas. Al identificar el conflicto de origen, al darle un lugar consciente a cada figura del sistema, incluyendo a quienes causaron daño, el síntoma pierde su razón de existir y el proceso de integración puede comenzar.
Tu historia no tiene que seguir siendo tu destino
Si mientras leías esto algo resonó en ti, si reconociste a alguien de tu familia en estas palabras, o si te reconociste a ti mismo en la forma en que aprendiste a no amarte, quiero que sepas algo: no estás roto. Estás cargando una historia que merece ser vista, honrada y, desde ahí, soltada.
Eso es exactamente lo que hacemos en mis sesiónes individuales y en los retiros de sanación, como el de las 5 heridas de la infancia. Un espacio donde tu historia tiene lugar, donde no tienes que proteger a nadie ni minimizar lo que viviste, y donde el amor propio puede empezar a recuperarse, de verdad y sin atajos.
Si sientes que es tu momento, escríbeme. Estoy aquí para acompañarte.
Psico Bio Terapeuta formada en la Escuela Original Francesa de Biodescodificación de Christian Fleche. Creadora del Método N.E.S.® (Neuroemocional, Energético, Sistémico). Especialista en Terapia Transgeneracional y sanación emocional. Autora de "Lo incurable se sana desde adentro".
