El origen emocional de las enfermedades: mi conversación en Bienestar Clave

Claudia Sasmay

El origen emocional de las enfermedades: mi conversación en Bienestar Clave

¿Por qué hay familias donde todos terminan con la misma enfermedad? ¿Por qué a veces un síntoma aparece sin ninguna causa visible en la vida actual de una persona? ¿Y por qué dos personas viven la misma pérdida y una enferma mientras la otra no? No es azar. Detrás de cada síntoma hay una historia, y esa historia casi siempre empezó mucho antes de que el cuerpo hablara.

Volví al programa Bienestar Clave para conversar sobre esto, que es el centro de mi trabajo desde hace 25 años. El diagnóstico y el tratamiento llegan cuando la enfermedad ya se desató. Yo trabajo antes, en la historia emocional que la fue preparando. Te comparto la entrevista completa y abajo te cuento lo que más me importa que te lleves.

La enfermedad es una metáfora, pero no solo eso

Siempre digo que toda enfermedad es una metáfora de nuestro mundo emocional. Y lo sostengo. Pero quiero ser cuidadosa con esta idea, porque se malinterpreta fácil: la enfermedad es multifactorial. Lo emocional pesa mucho, sí, y también pesan el estilo de vida, la comida ultraprocesada que nos llena de calorías vacías, la contaminación del agua y del aire, las radiofrecuencias que alteran el centro de nuestras células.

Sobre todo eso hay una capa más, la que a la gente más le sorprende: la información transgeneracional. Lo que heredamos emocionalmente de quienes vinieron antes que nosotros. No es una idea esotérica. Científicos como Bruce Lipton y Rachel Yehuda llevan décadas estudiando cómo el ambiente activa o silencia lo que traemos escrito en las células. De eso se ocupa la epigenética.

El shock que viene antes del síntoma

En la entrevista expliqué la primera de las leyes biológicas: toda enfermedad surge después de un gran shock, un biochoque. Un trauma que dejó una huella. Cuando acompaño a una persona busco siempre dos cosas, y una sin la otra no cuenta la historia completa.

La primera es el conflicto gatillante, el que encendió la enfermedad en el presente. La segunda es el conflicto programante, que casi siempre está mucho más atrás, a veces en la infancia, a veces incluso en la etapa intrauterina, en el estado emocional de nuestra madre durante la gestación. El síntoma de hoy suele ser la respuesta a algo que quedó guardado hace mucho.

Cada tejido tiene su propio idioma

El cuerpo no elige un órgano al azar para enfermar. Cada tejido carga un sentido biológico específico. El páncreas, por ejemplo, se relaciona con lo innoble, con la falta de dulzura, con las injusticias y traiciones que vivimos y no pudimos digerir.

Y aquí necesito ser muy clara, porque es donde más se distorsiona lo que hago: que una persona haya vivido una traición o un despido injusto no significa que vaya a enfermar. No funciona así. Necesitamos que coincidan muchos factores. Por eso hablo de epigenética y nunca de una causa única. Nadie se enferma por una sola cosa.

El rol que te niegas a ver morir

Cuando hablamos de cáncer hablamos de multiconflictos, casi nunca de uno solo. La célula cancerosa se niega a hacer apoptosis, ese ciclo natural en que una célula nace, se desarrolla y muere. Se niega a morir. Entonces la pregunta que hago es esta: ¿cuál es el rol que tú te niegas a ver morir, o que no puedes ejercer como quisieras?

El rol de madre, de trabajador, de hijo, de hermano, de pareja. Cuando pregunto en mis programas quién eres, muchas mujeres responden primero "soy madre". Lo dicen con orgullo, y me parece hermoso. Pero somos muchos roles a la vez, y a veces uno de ellos queda atrapado en un dolor que no encuentra salida. Ahí es donde el cuerpo empieza a hacer el trabajo que la emoción no pudo hacer.

La emoción verdadera y la emoción mentirosa

Esto lo explico siempre porque cambia la manera en que la gente entiende sus síntomas. Tenemos una emoción verdadera y una emoción mentirosa, esa que mostramos porque es la socialmente adecuada, la que nos deja bien parados. Y casi nunca son la misma.

Todo lo que no expresamos, el cuerpo lo termina expresando por nosotros. Se convierte en síntoma. Por eso a mis pacientes les pido sacar la emoción del cuerpo de la forma que puedan: escribirla en un papel y después quemarlo o romperlo, bailarla, cantarla, moverla. El ejercicio también ayuda mucho. Y lo ideal, siempre, es hacerlo acompañado por alguien que pueda ver en ti lo que tú todavía no puedes distinguir.

La genética explica apenas un 4 por ciento

Durante mucho tiempo creímos que los genes lo determinaban todo. La epigenética vino a mostrarnos algo distinto: la genética estricta explica cerca de un 4 por ciento. El resto, ese 96 por ciento, depende del ambiente donde vive la célula. Y ese ambiente es la nutrición, el estrés, la contaminación y, de manera central, cómo regulamos nuestras emociones.

Por eso hay familias enteras donde todos mueren de cáncer, o todos tienen diabetes, o todos son hipertensos. Solemos leerlo como pura herencia genética, cuando en realidad venimos arrastrando también programas emocionales. Una de las preguntas que hago en mis cursos es justamente esa: ¿a quién te pareces con tus síntomas? Ahí, muchas veces, aparece la primera pista.

Vivimos en alerta permanente

A la carga emocional heredada se suma el estrés de la vida moderna. Un peak de cortisol tarda alrededor de siete horas en bajar del organismo. Siete horas. Y hoy vivimos disparando cortisol todo el día: un WhatsApp, un correo, una noticia, un "tenemos que hablar". El cuerpo lee todo eso como peligro y activa el mismo mecanismo de defensa que nos mantuvo vivos como especie.

El problema es que ya no tenemos espacios para volver a nuestro lugar de seguridad, ese sitio dentro del sistema nervioso donde el cuerpo descansa de verdad. Por eso en mi escuela invito a entender cómo funciona tu cerebro, no para diagnosticarte, sino para prevenir. Para reconocer lo que el cuerpo intenta decirte antes de que tenga que gritarlo con un síntoma.

Esto acompaña a la medicina, no la reemplaza

Quiero dejar algo muy claro, porque me importa. Este enfoque no reemplaza al diagnóstico ni al tratamiento médico. Los complementa. La medicina atiende el síntoma, y este acompañamiento va a buscar el origen emocional del conflicto. Los dos caminos pueden convivir y potenciarse.

En mi libro Lo IN-curable se sana desde adentro hay un capítulo entero dedicado al origen transgeneracional de la enfermedad, por si quieres profundizar en esto con calma. Y si sientes que hay algo tuyo que necesita ser mirado, puedes agendar una sesión individual o conocer el Método N.E.S.® y los programas disponibles.

Porque no somos lo que nos pasó. Y cuando podemos mirar nuestra historia y abrazarla, el cuerpo también empieza a soltar lo que estaba guardando por nosotros.

— Claudia Sasmay

Preguntas frecuentes

¿Toda enfermedad tiene un origen emocional?

La enfermedad es multifactorial. Lo emocional es un factor importante, pero también influyen el estilo de vida, la alimentación, los contaminantes ambientales y la información transgeneracional. Por eso vivir un conflicto no significa que vayas a enfermar: se necesita que coincidan muchos factores.

¿Qué diferencia hay entre conflicto gatillante y conflicto programante?

El conflicto gatillante es el evento que activa la enfermedad en el presente. El conflicto programante es una experiencia anterior, muchas veces de la infancia o incluso de la etapa intrauterina, que dejó instalada esa sensibilidad. En terapia buscamos ambos, porque uno sin el otro no explica el síntoma completo.

¿Qué significa que el cáncer se relaciona con un rol?

La célula cancerosa se niega a morir, no hace apoptosis. En mi experiencia clínica, detrás suele haber un rol que la persona se niega a ver morir o que no puede ejercer como quisiera: el de madre, trabajador, hijo o pareja, entre otros. El cáncer casi siempre involucra varios conflictos, no uno solo.

¿Cómo puedo liberar una emoción que llevo guardada?

Exprésala con el cuerpo: escríbela y luego quema o rompe el papel, báilala, cántala, muévete. Lo importante es sacarla y conectar con lo que sientes de verdad, no con la emoción socialmente adecuada. Lo ideal es hacerlo con acompañamiento terapéutico.

¿Qué papel juega la herencia transgeneracional?

Desde la concepción heredamos información emocional de nuestros ancestros. La epigenética estudia cómo el ambiente activa o no esas programaciones. Por eso pregunto a mis pacientes a quién se parecen con sus síntomas: ahí suele aparecer una pista del conflicto heredado.

¿Este enfoque reemplaza al tratamiento médico?

No. La Psico Bio Terapia complementa a la medicina. El tratamiento médico atiende el síntoma y este acompañamiento busca el origen emocional del conflicto. Ambos caminos pueden convivir y potenciarse.

 

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