Compulsión, adicción o falta de control: qué esconde lo que no podemos soltar
Claudia SasmayCompartir
¿Por qué lo que en un minuto nos alivia, al minuto siguiente ya no nos sirve y aun así no podemos dejarlo? ¿Qué diferencia hay entre darse un gusto y no poder parar? ¿Y por qué hay adolescentes que lo único que quieren es borrarse, dejar de sentir?
Después de un fin de semana largo, con muchos medio heridos de tanto carrete, me invitaron a conversar sobre algo que preferimos normalizar: la falta de control de impulsos y el consumo problemático. Y quise partir por ahí, porque el exceso no es normal aunque lo tratemos como si lo fuera. Te comparto la entrevista completa y abajo lo que más me importa que te lleves.
Detrás de toda adicción hay un sufrimiento
Lo primero que suele aparecer es la negación. Esto no me pasa a mí, yo lo dejo cuando quiero. Y si de solo pensar en dejar esa sustancia o ese comportamiento algo se te aprieta por dentro, ahí ya hay un problema. Como decía Viktor Frankl, toda adicción esconde un sufrimiento que no queremos sentir. Primero negamos y después nos anestesiamos. La conducta o la sustancia son la forma de no tocar un dolor que está más abajo.
Por eso repito una idea que cambia toda la conversación: la adicción no es el problema, es la solución. Es la manera que encontró la persona para no sentir. El verdadero problema es otro, y hay que ir a buscarlo caso a caso. En general aparece un conflicto de abandono, o la falta de referencias afectivas suficientes para sostenerse por dentro.
No es lo mismo una compulsión que una adicción
Esta distinción importa. Puedo tener un acto compulsivo, comprar de más, comer de más un fin de semana, sin ser adicta a nada. La compulsión es un exceso puntual. La adicción es otra cosa: es cuando el cuerpo necesita esa sustancia o esa acción. Puedo tomar el fin de semana y no todos los días, eso es una cosa. Si tengo atracones de comida todos los días, ya hablamos de una adicción a la comida.
Y las adicciones no son solo el alcohol o las drogas. Los videojuegos, el scroll infinito en el celular, las redes sociales, el trabajo, la limpieza, las compras. Cualquier conducta puede volverse el lugar donde evito sentir algo doloroso. La pregunta de fondo siempre es la misma: ¿para qué me sirve esto que hago?
Señales de alerta, en uno y en los demás
A veces cuesta mirarse a uno mismo, pero sí se puede observar a alguien cercano. La primera señal es no poder estar sin la sustancia o sin la conducta. Después vienen otras: dejar de lado las responsabilidades, faltar al trabajo o a los estudios, descuidar la casa, gastar dinero de forma desproporcionada, consumir tanto alcohol que se deja de comer bien, o simplemente consumir todos los días.
Mucha gente se defiende diciendo que igual funciona, que el domingo se levanta y sale a andar en bicicleta. Pero si el viernes, el sábado y el domingo se van entre borracheras, almuerzos regados y siestas eternas, algo está pasando. No se trata de juzgar, se trata de mirar de frente lo que preferimos no ver.
La boca, la seguridad y el vínculo con la madre
Muchas adicciones tienen que ver con la boca y con la etapa oral, con una parte regresiva del ser humano donde volvemos a ser niños o bebés. Se dice, por ejemplo, que el cigarrillo funciona como el pezón de la madre. Es una forma de volver a un espacio de seguridad. El ser humano vive entre dos polos, sentirse en seguridad o sentirse en peligro, y muchas veces consumimos para volver a esa sensación de calma perdida.
La mayoría de estas conductas se conecta con la seguridad y con la madre. Hago una excepción con la cocaína, que suele hablar más del padre porque tiene que ver con la cabeza y el intelecto, y ahí a menudo aparece una relación difícil con papá. Quiero ser muy clara: esto son hipótesis, nunca generalizaciones. Siempre hay que corroborarlo con cada persona. La biología puede hacer lo que quiera, y desde la Biodescodificación y el Método N.E.S.® lo trabajo con esa responsabilidad.
El apego primario y el vínculo que se rompió
El apego primario con la madre empieza alrededor de los cinco meses de gestación y se extiende, más o menos, hasta los primeros seis meses de vida. Ese vínculo es determinante. ¿Qué pasa si mamá se fue en ese momento, porque volvió a trabajar, porque viajó, porque se enfermó? Ese lazo primario se interrumpe, y la persona queda buscando llenar ese vacío por el resto de su vida. Muchas veces lo intenta llenar con una sustancia o una conducta.
La buena noticia es que nunca es tarde para reparar. El vínculo se sana con más vínculo. Si se interrumpió, se repara volviendo a abrazar, a sostener, a decir no te voy a volver a dejar. Y cuando la madre ya no está, o no sabemos dónde está, ese trabajo se puede hacer igual a través de la terapia. A nivel neurológico podemos volver a activar eso que se había desconectado.
Ejercicios somáticos para volver a la calma
Hay una herramienta simple y muy antigua: la autocontención. En el vientre estuvimos cruzados, recogidos. Cuando cruzas los brazos y te meces suavemente, el cuerpo recuerda ese estado, el arrullo, el mecerse de cuando éramos bebés. Ese movimiento vuelve a conectar el cerebro con esos gestos primitivos que nos calmaban. A través de ejercicios somáticos específicos podemos empezar a reparar la interrupción de un trauma vivido en algún momento de la vida.
Cuidado con dar desde la carencia
Una madre que creció con carencias puede sanar mucho al criar, al acunar, al abrazar a su propio hijo. Pero eso a veces viene desde la neurosis, desde lo que a mí me faltó. Como no tuve cariño, sobreprotejo. Y ahí se pierde el equilibrio. Hay que dar lo que el hijo permite recibir, no más, porque un exceso también deja huella: un niño sobreprotegido puede terminar con miedo del mundo.
Lo veo seguido. Padres que quieren darle a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron, y terminan dando cosas, dinero, planes de fin de semana, pero no tiempo ni presencia. Se puede tener una relación sanguínea con los padres y no tener un vínculo real, porque el vínculo se construye estando. Y esa falta de vínculo es terreno fértil para las adicciones del mañana.
Criamos a los hijos, pero también los creamos
A veces miramos a los jóvenes de hoy, tan estresados, tan ansiosos, muchos medicados, y olvidamos que somos responsables de ellos. Existe también un sobrediagnóstico, y lo digo con respeto por los profesionales: a veces se etiqueta para encasillar. Un niño con déficit atencional, más allá de su neurodivergencia, muchas veces es un niño que necesita ser atendido y visto.
Lo que construye son los gestos mínimos. Un queque recién horneado, olor a hogar, alguien que lo espera, dejar el celular de lado cuando de verdad quieres vincularte. Yo siempre les digo a los padres: nosotros criamos a los hijos, pero también los creamos. Vamos moldeando su cerebro con cada experiencia. Estamos creando a los adultos del futuro.
Abrazar la sombra
Pasamos mucho tiempo negando y evitando a través de las compulsiones y las adicciones. Y la invitación es la contraria: detenerte y mirar qué te pasó en tu historia. Qué viviste que hoy te lleva a hacer lo que haces. Casi siempre eso viene de un niño herido que tuvo necesidades y no pudo satisfacerlas. Abrazar esa historia, en lugar de anestesiarla, es el comienzo del cambio.
Este acompañamiento no reemplaza el tratamiento médico ni psicológico, sobre todo cuando hay una adicción instalada. Lo complementa, yendo a buscar el origen emocional del conflicto. Si lo que lees te resuena, en mi libro Lo IN-curable se sana desde adentro profundizo en estos temas, y puedes agendar una sesión individual o conocer el Método N.E.S.® y los programas de formación.
Porque no somos lo que nos pasó. Y cuando dejamos de huir de nuestra propia historia, empezamos a ser dueños de ella.
— Claudia Sasmay
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre compulsión y adicción?
La compulsión es un acto excesivo puntual, como comprar o comer de más un fin de semana, sin que el cuerpo lo necesite de forma permanente. La adicción es cuando el cuerpo necesita esa sustancia o esa conducta de manera sostenida. Un atracón aislado puede ser compulsión; atracones todos los días ya apuntan a una adicción.
¿Por qué se dice que la adicción no es el problema sino la solución?
Porque detrás de toda adicción hay un sufrimiento que la persona no quiere sentir. La sustancia o la conducta son la forma de anestesiar ese dolor. El verdadero problema está más abajo, muchas veces en un conflicto de abandono o en la falta de referencias afectivas. Por eso el trabajo es encontrar ese origen.
¿Cuáles son las señales de alerta de una adicción?
No poder estar sin la sustancia o la conducta, descuidar responsabilidades, faltar al trabajo o los estudios, gastar dinero de forma desproporcionada y consumir a diario o en cantidades que interrumpen la vida cotidiana. Estas señales pueden observarse en uno mismo o en alguien cercano.
¿Solo el alcohol y las drogas generan adicción?
No. También pueden volverse adictivos los videojuegos, el uso del celular, las redes sociales, las compras, la comida, el trabajo o la limpieza. Cualquier conducta puede transformarse en el lugar donde alguien evita sentir algo doloroso.
¿Se puede reparar un vínculo primario que se rompió en la infancia?
Sí. El vínculo se sana con más vínculo. Se repara volviendo a abrazar y a sostener, y cuando la figura ya no está, ese trabajo puede hacerse a través de la terapia. A nivel neurológico es posible reactivar lo que se había desconectado. Nunca es tarde para reparar.
¿Este enfoque reemplaza el tratamiento de una adicción?
No. Cuando hay una adicción instalada es fundamental el acompañamiento médico y psicológico. La Psico Bio Terapia lo complementa, buscando el origen emocional del conflicto, pero no sustituye el tratamiento profesional que cada caso requiera.